El uso de la terapia con láser frío está aumentando en la práctica médica tradicional y como terapia complementaria o alternativa. Está aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) para una serie de afecciones.
La terapia con láser frío se considera segura cuando se realiza bajo el cuidado de un médico o un profesional calificado. El lado positivo es que también es no invasiva e indolora. Tampoco requiere medicación ni otra preparación.
Dicho esto, la terapia con láser frío no debe utilizarse en carcinomas o lesiones cancerosas. También debe evitarse su uso en la tiroides o los ojos en el ámbito doméstico. Dado que se desconoce el efecto de la terapia con láser frío en los fetos, se recomienda que las mujeres embarazadas eviten este tipo de tratamiento.
Una de las desventajas de esta terapia puede ser el tiempo. Si bien cada sesión de terapia con láser frío solo dura unos minutos, puede llevar hasta un mes (con hasta cuatro tratamientos por semana) antes de poder evaluar su efectividad.