La fotopolimerización, o curado por luz, depende de la conversión de unidades individuales de monómero de resina en cadenas de polímeros conectadas, disminuyendo así la viscosidad del material de resina hasta que se vuelve sólido. Este proceso es iniciado por moléculas llamadas fotoiniciadores, que generan radicales libres cuando absorben luz de una longitud de onda específica. Los radicales libres interactúan con los monómeros de resina para cambiar sus enlaces químicos de modo que puedan unirse entre sí, liberando más radicales libres en el proceso para ayudar a que la conversión continúe en todo el material. Cuanto mayor sea el grado de conversión, más duradera será la restauración resultante. Sin embargo, debido a que el proceso también conduce a un grado de contracción del material, se debe tener cuidado para evitar la tensión en la interfaz diente-composite, que puede provocar caries secundarias.
El grado de conversión se ve afectado por varios factores, como la intensidad de la luz; el tono, la composición y la profundidad del material restaurador; la distancia y el ángulo de la luz con respecto al composite; y el tiempo de exposición. Además, los diferentes fotoiniciadores responden a diferentes longitudes de onda de la luz, por lo que la necesidad de elegir la luz adecuada para el material adecuado es fundamental para el éxito.