Durante este procedimiento, se aplican directamente sobre una zona específica distintas longitudes de onda y potencias de luz de bajo nivel. El tejido corporal absorbe la luz. La luz roja y la luz infrarroja cercana provocan una reacción y las células dañadas responden con una reacción fisiológica que promueve la regeneración.
El tejido superficial se trata habitualmente con longitudes de onda de entre 600 y 700 nanómetros (nm). Para una penetración más profunda, se utilizan longitudes de onda de entre 780 y 950 nm.
Aunque sentirá el láser en contacto con su piel, el procedimiento es indoloro y no invasivo. No habrá sonido y no sentirá vibración ni calor. Cada tratamiento suele durar solo unos minutos.